Una trampa o el destino (1era. Parte)
El mismo día
New York
Matthew
¡Imbécil! Y, aun así, esa palabra se queda corta. Incompleta. Porque el error que cometí no tiene nombre, ni consuelo. Supongo que soy como todos los hombres que, aun sabiendo que no deben confiar en una mujer despechada, lo hacen. Algunos lo hacen por nostalgia, por ese pasado compartido que tiñe la memoria de gris. Otros, por ingenuidad o soberbia, creyendo que todavía tienen el control. Yo fui ese idiota. Ese que pensó que podía manejarlo todo, que podía contene