La cena no fue entregada anoche, y Cedro ya estaba inquieto; al ver la llamada de Fabiola, la contestó sin pensarlo.
Esta rapidez era inédita y sorprendió a Fabiola, que estaba pensando qué decir.
—¿Por qué no has traído la comida todavía?
Fabiola frunció el ceño, y sin seguir pensando su discurso, dijo con sarcasmo: —¡Vaya pareja perfecta son ustedes dos! Uno planea encerrarme y el otro pretende esclavizarme, ¡ya no lo haré!
¡Si no quisiera comer, que se muriera de hambre, sería su merecido!
El