Ella empujó a Benedicto, volteando la cabeza y dándole la espalda: —No seas tan bueno conmigo.
Ella podría... no resistir pensar demasiado, no resistir sentir un poco de cariño por este mundo frío.
Benedicto entrecerró los ojos y giró los hombros de Fabiola: —¿Qué te pasó hoy? ¿Te trataron mal afuera?
Fabiola de hoy, era diferente.
Fabiola inclinó la cabeza, reteniendo las lágrimas que llegaron a sus ojos, mordiendo firmemente sus labios.
—Vamos a divorciarnos eventualmente, no quiero que sea de