Rosalía escuchaba esas burlas y sentía que finalmente estaba compensada por la humillación sufrida en la tienda de vestidos de novia.
Sabía que Fabiola era la esposa de Alejandro, una persona a quien no debía ofender, pero no hizo ningún intento de detener las burlas.
Después de todo, no era ella quien estaba ridiculizando a Fabiola.
Con ese pensamiento, se sentía aún más justificada.
Los que hablaban captaron la risa contenida en los ojos de Rosalía y se sintieron más inspirados para burlarse.