Fabiola arrastró su cuerpo pesado y con dificultad regresó a la puerta de la suite presidencial.
Miró la puerta frente a ella, pero no se atrevía a abrirla.
Las palabras de Dolly, la foto publicada por la extraña mujer hace unos días, todo tipo de dudas que no coincidían con la identidad de Benedicto en el pasado, eran como plantas acuáticas que salían a la superficie. La enredaban casi sin aliento.
Todo sobre Benedicto de repente se volvió confuso.
¿Quién era realmente? ¿Existía esa otra esposa