—Señorita Quintero, mejor regresa a casa a descansar hoy —dijo el director con una sonrisa forzada, echando un vistazo a los periodistas bloqueados por los guardias de seguridad afuera. Todos habían venido para entrevistar a Rosalía.
Rosalía miró al director con desdén.
De repente, ser el centro de atención de tantas personas la hacía sentirse eufórica, pero no era tonta. Antes, Benedicto ya le había dejado claro que podía proporcionarle recursos, pero nunca debía exponer su relación.
Ahora que