Avery le sonrió y saludó.
—¡Encantado de conocerte también, Zamir! ¡Ven a visitarnos a mamá y a mí otra vez!
Mi hija es tan pegajosa que me hizo reír la escena.
Zamir se río y se revolvió el pelo como hago siempre.
—Claro que sí—. Luego se acercó a mí y se detuvo en el perchero para coger la chaqueta de Kyle mientras yo le acompañaba hasta su coche.
—Te veré mañana en el club—. Le saludé con la mano.
—Claro. Pero si sigues teniendo fiebre, dímelo inmediatamente. Todavía puedes tener la noche li