Al despertarme a la mañana siguiente, sentí los rayos del sol asomarse por las persianas y solté un suave bostezo mientras hundía más la cara en la almohada. Estaba tumbada boca abajo en la cama y sentí que algo golpeaba mi mano al moverlas por la superficie.
Al asomarme a mi lado, noté que había un ramo de rosas rojas.
Y ya no me sorprende.
Estos últimos meses, he estado recibiendo regalos de Ryan. Y no sé cómo entra en mi habitación, pero sé que está en alguna parte. Y es un hombre increíble.