—Mi señora por fin se ha levantado. Fuiste la última en dormir, pero te has levantado antes. Deberías haber dormido más—. Murmuró levantándose del sofá. Ryan le masajeó el cogote y parecía dolorido por su postura.
—Estoy bien—. Murmuré, inhalando profundamente. Me senté en el borde de la cama y crucé las piernas. —¿Vas a preparar el desayuno?
—Sí, mi señora. ¿Qué quieres comer? — preguntó.
Me encogí de hombros. —Cocina lo que quieras.
—Tienes que desayunar con nosotros—. Exigió.
—No. — Respondí