—¿Por qué siempre tiene que ser Silvestre el último en llegar? — comenta Christian al vernos llegar.
Las chicas alquiladas también están aquí y todas me miran con ojos juzgadores. Bueno, al menos me veo bien con ropa sencilla, no como ellas, que parecen putas con esos vestidos tan escuetos.
Hay una mesa enorme en el centro del sofá donde hay tantas comidas.
Así que todo el mundo ya estaba cenando.
Silvestre y yo nos sentamos uno al lado del otro cuando vi que Steve, nuestro mayordomo, nos ponía