Me quedé sentada inmóvil frente al escritorio por un par de minutos, procesando.
Era casi gracioso que tuviera que recordarme tantas veces que ya no era la chiquilla impotente que no podía defenderse cuando la humillaban, que era una mujer adulta a la que las risas no podían hacerle daño, porque había enfrentado muchas cosas objetivamente peores y sobrevivido.
Una vez que me sentí más dueña de mí misma llamé a Karina, ya que estaba implicada en este desastre quería ser parte de la discusión al