Roy
Al entrar a la piscina la agarré fuertemente para que no se ahogara, y cuando pude sentir su fina cintura entre mis brazos mi pene comenzó a endurecerse, y lo transparente de su camiseta mojada me provocaba aún más. Casi no podía controlarme, moría por hacerla mía en ese preciso momento, ni siquiera me importaban las personas a nuestro alrededor; antes de cometer alguna locura recordé lo humillado que me sentí al escucharla hablar con su amiga, y me puse a pensar lo mucho que me lastimaría