Iris
—Te ayudaré —dice tímidamente, tras unos largos segundos en la misma postura.
Manteniendo una mínima distancia entre nuestros cuerpos, sin decir ni una palabra, toma uno de los libros del carrito y lo coloca donde acabo de limpiar. Uno a uno, con su pecho casi pegado a mi espalda, cada que se estira para dejar un libro sobre el estante, su aliento va rozando mi oreja y su miembro mi trasero.
De cada tanto nuestras miradas hacen contacto, y cada vez que lo hace me derrite; siento como si me