Francine volvió a la cocina dando mini saltitos de alegría, intentando contener la sonrisa tonta que insistía en escaparse por las comisuras de sus labios.
El celular nuevo estaba guardado en el bolsillo del delantal, como un secreto precioso.
Dorian no podía jamás saber lo mucho que ella estaba satisfecha con ese regalo.
Pero Malu… Malu era otra historia.
La amiga la observó entrar en la cocina como quien ve a alguien regresar de un parque de diversiones.
Cruzó los brazos, arqueó una ceja y so