Dorian caminó hasta la bandeja de frutas y tomó una pera, sin la menor intención de comerla. Solo necesitaba ocupar las manos mientras observaba a Francine.
Y fue allí, con la fruta olvidada en la palma, que lo entendió: ella no iba a aceptar.
La mirada desconfiada, el cuerpo tenso, la forma en que mantenía distancia de la bolsa…
Todo gritaba que, en cuestión de segundos, ella daría media vuelta con una respuesta ácida preparada.
— Una modelo necesita buenas fotos, ¿no? — dijo él, suavizando el