Dorian tomó la toalla del banco a su lado y empezó a secarse el rostro, el cuello y los hombros, como si no acabara de dejar a alguien sin aire justo allí.
— Deberías venir a entrenar conmigo algún día. Es bueno para calmar la mente — dijo con naturalidad, como si ella no estuviera completamente fuera de eje.
Francine hizo lo posible por recuperar la compostura y levantó el celular.
— Lo voy a pensar. Por ahora, me quedo con el entrenamiento de fotografía.
— Entonces aprovecha la luz. Esta mere