El último paso de Francine en la pasarela fue tan firme como el primero.
Mantuvo la mirada fija hasta el borde final, y solo entonces, al dar media vuelta para regresar, se permitió una leve sonrisa, pequeña, discreta, casi imperceptible.
Pero ella lo sabía. Lo sentía en todo su cuerpo. Había entregado todo.
El salón estalló en aplausos, algunos más contenidos, otros entusiastas.
Uno que otro espectador más experimentado intercambiaba miradas cómplices, como quien ya sabía quién sería la estrel