Francine lo miró el tiempo suficiente para que el corazón le corriera una maratón dentro del peito.
Sonrió. Una sonrisa leve, casi arrogante. El tipo de sonrisa que alguien usa cuando necesita esconder el caos.
— Querer no es poder, señor Dorian. — Su voz salió firme, casi dulce. Como si ella tuviera el control de la situación, cuando por dentro todo gritaba por él.
Dio un paso al lado, esquivando su cuerpo con elegancia.
Pasó junto a él como si no sintiera el perfume todavía pegado a su piel,