Dorian se encogió de hombros, aún recostado en la butaca como si aquel fuera un día cualquiera en la mansión.
— Desde que te vi mostrar un talento… y luego abandonarlo sin explicación.
— La vida pasa, Dorian — respondió ella con ironía. — Pasa mucho para la gente que tiene que pagar cuentas.
Él inclinó levemente la cabeza, apoyando el codo en el brazo de la butaca.
— Pero tú tienes talento. Postura, presencia… Brillas cuando quieres. Y no hablo solo de aquella noche — añadió, con la voz más baj