Francine estaba tan exhausta que se quedó dormida apoyada sobre el pecho de Dorian.
El sonido del corazón de él llenaba el silencio del hospital, y por un momento el mundo pareció en paz.
Hasta que el celular comenzó a vibrar sobre la mesita.
Francine abrió un ojo, se levantó con pereza y tomó el teléfono.
—Es Cassio —murmuró, extendiéndole el celular a Dorian.
Él gruñó algo sobre “ni en el hospital tener descanso”, pero contestó.
En cuanto activó el altavoz, la voz burlona de Cassio llenó la h