Mundo ficciónIniciar sesiónEl despacho olía a madera encerada y a whisky caro.
El sol atravesaba las cortinas pesadas, dibujando franjas doradas en el suelo que parecían dividir el espacio en territorios invisibles. Y Oscar Villeneuve, como siempre, ya había elegido el suyo.
Cuando Dorian entró, su padre estaba de espaldas, girando el vaso entre los dedos, el líquid







