La escalinata del vestíbulo relucía bajo la luz dorada del amanecer que atravesaba las grandes puertas de vidrio del hotel.
Francine bajaba del brazo de Dorian, todavía con el vestido del baile.
El aire tenía esa mezcla de agotamiento y glamour del final de una noche que parecía no haber terminado.
Cuando ambos llegaron al segundo tramo de la escalinata, comenzó el sonido: el clic de las cámaras, rápido, seco, multiplicado en decenas de disparos.
Francine se enderezó instintivamente, mientras D