El baño de la suite tenía una bañera de hidromasaje amplia, rodeada por un vidrio que dejaba ver la ciudad todavía dormida.
La luz fría de la madrugada empezaba a mezclarse con los primeros tonos dorados del sol naciente.
El vapor se elevaba del agua caliente, envolviéndolos a los dos en una neblina tenue que parecía apartarlos del resto del mundo.
Casi no habían dormido.
No por insomnio, sino porque cada momento de la noche había sido un largo reencuentro, sin prisa, como quienes por fin bajan