33. ¡ERES MÍA Y SOY TUYO!
Christian
Sentí que el mundo se me vino encima en cuanto las miradas de mi madre y Cecilia cruzaron con la mía y, a pesar de eso, quedé frente a Alma como si la defendiera de algo. Sabía que quizá si les explicaba la situación ellas podrían comprenderlo aun cuando estuvieran en contra, me sugerirían que sacara a Alma de la iglesia o que pidiera traslado… Tenía tantos panoramas en mi cabeza que no sabía cuál era el peor de todos, pero bien me lo advirtieron Claude, Enrique y Monteiro, si haría e