Capítulo 93. Un paraíso prestado
El amanecer en la isla no llegó con el estruendo de la ciudad, sino con un degradado de violetas y naranjas que se filtraba sin permiso por los ventanales de la villa. Aslan fue el primero en abrir los ojos. Durante años, despertar había sido un acto de alerta, una transición rápida del sueño a la estrategia. Pero hoy, con el peso cálido de Amara sobre su pecho y el sonido de la respiración rítmica de Keziah desde la cuna de viaje cercana, el mundo se sentía, por primera vez, en equilibrio.
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