Capítulo 67. La pequeña guerrera.
—No es un niño, señor Burke —corrigió ella en voz baja—. Es una niña. Una niña que nació pesando apenas un suspiro.
El mundo de Aslan se inclinó sobre su eje. La imagen de la cuna de cristal, sumergida en aquella penumbra protectora que él había observado minutos antes, regresó a su mente con la fuerza de una explosión. Sus piernas, siempre firmes, se sintieron de repente como cristal a punto de quebrarse.
—La niña… —susurró él, y el nombre de Amara se le quedó atascado en la garganta como una