Capítulo 111. El Incendio de las Rosas
Aslan se zafó del agarre del guardia con una fuerza animal, una sacudida tan brusca que el oficial retrocedió por el impacto. El silencio del hospital no solo se rompió; se hizo añicos.
—¿Amara Leoni? —La voz de Aslan no fue un grito, fue un rugido quebrado, cargado de bilis y despecho.
Se plantó frente al mensajero, que retrocedió asustado, apretando el ramo contra su pecho como si fuera un escudo de seda. Aslan extendió una mano temblorosa, no para recibir las flores, sino para alcanzar la ta