Un infierno de dudas

Punto de vista de Aidan

Subimos a la habitación y Sienna se quedó dormida enseguida, yo no pude dormir, así que muy temprano me levanté con cuidado de no despertarla y me fui a mi despacho,

Por más que lo intentaba, las palabras de Rosenberg daban vueltas en mi cabeza.

“¡Leo es tu hijo, imbécil!”

Entré al baño y me eché agua fría en la cara, deseaba sacar de mi cabeza esas malditas palabras, olvidarlas.

Poco después, la puerta de mi despacho se abrió.

Jax entró llevando una carpeta en la mano.

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