Punto de vista de Aidan
Las palabras de Leo me golpearon directo en el centro del pecho, verlo aferrado a mi camisa, llorando, mientras me gritaba que me seguiría llamando papá porque él sí me quería, me dejó completamente petrificado.
Sentí un vuelco en el estómago, una sacudida tan profunda que me costó respirar, mi corazón empezó a latir desbocado, enviándome una señal absurda de que ese niño era mi hijo.
Pero, ¿cómo demonios podía serlo? Era imposible, su madre y yo no nos conocíamos de