91• Solo oscuridad.
Cuando terminé de vestirme, un malestar agudo me cruzó el pecho como un latigazo. El aire se me escapó de golpe y tuve que apoyarme en el marco de la puerta para no venirme abajo. Cerré los ojos, inclinando un poco la cabeza mientras buscaba a tientas un ritmo estable para respirar. No podía dejar que el pánico me arrastrara. No ahora.
Instintivamente, llevé una mano a mi vientre. La bebé también se movió, inquieta, como si sintiera la tensión recorrerme. Acaricié la curva de mi barriga con la