70• Su hermana… Mi hija.

Entré a la casa con una mezcla de nervios y nostalgia vibrándome en el pecho. Edgar cerró la puerta detrás de mí con ese gesto suave que recordaba tan bien, y de inmediato el olor cálido y especiado de lo que estaba cocinando me envolvió por completo. Era un aroma hogareño, casi infantil, como si un pedazo de mi pasado se hubiera quedado suspendido, intacto, esperando mi regreso.

—Aún estoy terminando —dijo él, secándose la frente con el dorso del brazo.

—Huele delicioso —respondí sin poder evi
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