104• Quédate conmigo.

Después de que la fiesta terminó, acompañé a Lana hasta su habitación. Había bebido más de lo normal, y aunque insistió en que estaba perfectamente, me quedé con ella el tiempo suficiente para asegurarme de que realmente estuviera bien.

Cuando por fin salí al pasillo, solo había un pensamiento apretándome el pecho: deseaba abrir la puerta de mi habitación y encontrar a Richard allí, esperándome. Necesitaba verlo. Necesitaba que la distancia entre nosotros se deshiciera de una vez. No soportaba la idea de irme a dormir con esa pelea entre los dos. No después de todo.

Necesitábamos hablar.

Me di una ducha con la esperanza—ilusa, quizá—de que, para cuando saliera, él ya estaría en nuestra habitación. Pero cuando encendí la luz y vi la cama intacta, un golpe seco me vació el estómago.

Estaba sola.

Y dolía más de lo que quería admitir.

Di un par de vueltas torpes por la habitación, intentando convencerme de que no pasaba nada, de que él solo necesitaba espacio. Pero el silencio era demasia
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