Lo que siguió fue una pelea que quedaría en la leyenda del Rusty Spur por años. Tony y Blake rodaron por el suelo, intercambiando golpes mientras la multitud los rodeaba, gritando y apostando.
— ¡Veinte dólares al vaquero! —gritó un hombre corpulento con sombrero de cowboy.
— ¡Cincuenta al citadino! —respondió una mujer con un vestido de flecos.
El caos reinaba en el bar, botellas y vasos caían al suelo, rompiéndose en mil pedazos. La música country que sonaba de fondo parecía una banda sonora