Tony sintió como si le hubieran dado un fuerte golpe en el estómago, las palabras de Sarah resonaban en su cabeza como un eco interminable: "No es tu hija."
Se levantó de golpe, su rostro, normalmente bronceado por el sol de Texas, estaba más pálido que un fantasma en una nevada.
— Eres más baja que una serpiente venenosa del desierto — gruñó, encarando a Sarah, sus ojos brillaban con una mezcla de dolor y rabia — ¿Cómo te atreves a decir eso? Lupita es mi hija, ya sea por sangre o por derech