Alejandro estaba demasiado nervioso, se había quedado sin palabras hasta que exclamó con un tono de voz algo tembloroso:
— ¡Laura! ¿Eres tú? ¿Es posible que seas tú?
La mujer caminó despacio y se posó enfrente de él diciendo:
— Sí, soy yo Alejandro, Laura.
Alejandro enseguida corrió hacia la puerta y la cerró con seguro mientras se llevaba las manos a la cabeza y miraba a Laura con asombro. Habían pasado cinco largos años sin saber nada de ella, él se sentía muy aturdido sin saber qué hacer,