Narrado por Liam Donovan
El club en Mayfair apestaba a exceso, a perfume de trescientas libras la onza y a esa desesperación encubierta que solo los ricos saben disfrazar de diversión. La música no era arte; era un martilleo constante, una frecuencia diseñada para anular el pensamiento lógico, recordándome por qué detestaba este mundo de luces de neón y sonrisas de plástico. Me abrí paso entre la multitud con la mirada fija, los hombros rígidos y una expresión que hacía que la gente se apartara