Narrado por Mia Blackwood
Londres es una jaula de oro, pero mi mente... mi mente es un laberinto de espejos rotos. Vivir en la mansión Blackwood después del accidente se había convertido en un recordatorio constante de mi propia decadencia. Cada vez que Dominic pasaba por mi lado, sentía el rastro de la culpa quemándome la garganta. Cada vez que cerraba los ojos, veía el Porsche plateado de Julian dando vueltas, y sentía ese anhelo sucio y desesperado por la euforia química que me hacía olvidar