—Hija, levántate —dijo Jaime.
—Necesito dormir, estoy muy cansada.
—Solo será un momento.
Abrí la puerta, y ahí estaban Jaime y Nathan parados en mi puerta, no los miré a los ojos y me volví a acostar, arropándome por completo con la colcha,
—Te tengo que pedir un favor, sé que nuestra relación se desmoronó, pero te prometo que solo quiero recuperar a mi hija.
—No soy tu hija.
—Yo te crie.
—Me arrebataste de mi verdadero padre, eso no te da derecho a llamarme hija.
—Algún día entenderás de que