Obedecí y me senté en el comedor, eran las diez de la noche y mi hambre estaba feroz, no dejaba de pensar en lo bien que olía el estofado de carne. Cogí de nuevo las cartas y las barajé para distraerme. Pasaron diez minutos, y Nathan se unió conmigo en la mesa, con los dos platos, la jarra de jugo y nuestros vasos.
—De verdad estoy sorprendida con lo que estoy viendo. Todo huele muy rico —dije al observar el estofado de carne en mi plato como si se tratara de un plato a la carta. Sofisticado y