Mundo ficciónIniciar sesiónLa gravedad cero nos recibió con un silencio sepulcral que solo era interrumpido por el pitido errático de los monitores de soporte vital. Me desabroché el arnés y floté hacia la cabina principal. Mis costillas, rotas en el duelo del Titicaca, protestaron con un dolor agudo que me recordó que seguía siendo de carne y hueso, a diferencia de los monstruos que nos esper







