POV: DAMIÁN
El aire a tres mil metros de altura era tan ralo que cada bocanada se sentía como una puñalada de hielo en los pulmones. El Leviatán no podía escoltarnos aquí. Habíamos dejado el barco en los fiordos y cruzado Europa en vuelos furtivos, usando las rutas de contrabando que Eris —ahora la fantasma en la red— nos despejaba desde las sombras digitales.
—El complejo se llama El Refugio —dijo Vektor, ajustando su visión térmica mientras escalábamos la pared norte—. No es solo una base. Es