POV: ELENA
El rugido de los motores del jet privado era un eco lejano comparado con el estruendo que retumbaba dentro de mi cráneo. Desde que salimos de Londres, el implante en la base de mi nuca había dejado de ser un pasajero silencioso para convertirse en un parásito hambriento.
Al cerrar los ojos, no veía la oscuridad. Veía cascadas de datos verdes, coordenadas geográficas que parpadeaban con la velocidad de un latido cardíaco y, lo más aterrador, fragmentos de video. No eran mis recuerdos.