POV: ELENA
El sonido de las palas del helicóptero cortando el aire de la isla era el réquiem de nuestra antigua vida. Mientras los paramédicos de Blackstone —hombres que no hacían preguntas y cuyas lealtades habían sido compradas con fortunas— subían a Damián en la camilla, yo me quedé de pie en la arena, sosteniendo la mano de Lucía.
Damián estaba pálido, casi translúcido bajo las luces de emergencia, pero sus ojos permanecían fijos en mí. Incluso con un pulmón colapsando y la vida escapándose