Alex me apura mientras caminamos por el aeropuerto. Para él, estamos llegando algo justos de tiempo para nuestro vuelo, para mí, todavía falta media hora. Y, en cuanto llegamos a nuestra zona de embarque, confirmo que yo tenía razón. Aún así, procedemos a mostrar nuestros documentos, demostrar que no tenemos nada extraño en el equipaje, y pasamos derecho a nuestros asientos en primera clase.
—Que elegancia la de Francia —comento con tono divertido mientras reclino mi lugar. Es increíble la como