El sol me pega de lleno en la cara, haciéndome entrecerrar los ojos al levantarme. Anoche me costó dormir, ya que no pude parar de pensar en lo que Alex quería decirme, y cuando por fin logré relajarme, tuve pesadillas, así que, siendo las dos de la tarde, me dispongo a ir a darme una ducha y comer algo.
No sé a qué hora va a venir el rubio a hablar conmigo, pero, si no llega a aparecer, voy a ir a plantarme a su casa.
La puerta de la habitación se abre de par en par, haciéndome saltar en el