32 – Quemarse de amor.
Darío.
Reconozco que estaba impaciente por volver a verla, a pesar de todo. Quizás me había vuelto masoquista y tan sólo quería que ella me destrozase una vez más. ¿Qué era? ¿un maldito enfermo?
Aún quedaban algunas semanas para nuestra próxima reunión, por lo que no me pareció mala idea quedar con uno de mis clientes y su prometida, pero la cena no le sentó nada bien, y se llevó la noche en el baño. Finalmente, allí estaba, en la barra, tratando de hablarle a Cintia de mil remedios que su novi