Capítulo 6

Dasha Romanov

Te has quedado marcado en mí, como un tatuaje permanente, como una marca de hierro fundido sobre la piel que no tiene manera de ser borrada por más que el tiempo y la distancia intenten desvanecerla.

No he podido olvidarte, Kang Dae. Mi mente te busca en cada rincón, y cada vez que respiro creo sentir el humo y la pólvora que siempre te acompañaban cuando éramos jóvenes. No puedo esperar a tener la mínima oportunidad para permitirte una vez más, al menos en mi memoria, que dejes esos pequeños y lentos besos sobre mi cuello, mientras pienso en todo lo que me hiciste sentir sin llegar a conocer al monstruo en el que te obligaron a convertirte. Tus besos se han quedado adheridos a mis sentidos y sé que será imposible borrar las huellas que dejaste en mi vida, en mi cuerpo, en mi alma y en mi ser. Lo único que quiero ahora mismo es tener la oportunidad de volar hasta Nueva York para encontrarme contigo, mirarte a los ojos y decirte que lo nuestro no es tan solo un recuerdo de juventud; es un amor que me destruye lentamente.

No me importa en lo más mínimo si sueno como una loca que exagera la realidad. No sé qué significa el amor en el mundo real porque no soy una experta en el tema ni una estudiante de psicología redactando un ensayo clínico, pero sí sé que te encontré a ti, mi alma gemela, y por ninguna razón de este mundo podré amar a alguien más de esta manera. Eres el único al que pertenezco, incluso si ahora te llamas Hyunjin y me miras con esa frialdad que me congela los huesos.

Por supuesto que estoy consciente de la horrible mentirosa en la que me he convertido para sobrevivir en este juego de sombras y dinero. Me prometo a mí misma que voy a decirte la verdad muy pronto, tan solo me gustaría encontrar el momento indicado para hablar contigo de nuestro pasado y de lo que mi familia te hizo. Mi mayor anhelo es que esto que afirmo sentir sea amor verdadero y no una simple obsesión creada en mi cabeza para reparar un agujero en el pecho que lleva años sangrando. Solo espero que estos sentimientos sean solo para ti y que no esté buscando suplantar una pérdida que jamás podré superar.

La situación con mi familia se encuentra mucho mejor que en aquellos días de tensión y peligro extremo, en los que cada uno de nosotros se vio obligado a huir a lugares distintos de nuestro hogar. El señor Maximiliano Romanov, mi padre, logró cerrar un tratado de armas bastante lucrativo con los árabes. Todo se arregló con acuerdos de dinero, territorios y plomo. Fin del asunto. Esa es la vida a la que nos hemos acostumbrado. Además, Francesco De Angelis fue liberado por la FSB y ahora nos ha invitado a una fiesta bajo la luz de la luna para celebrar su retorno y discutir los nuevos términos de nuestras rutas de contrabando. Me sorprendió que lo hiciera, y me sorprendió aún más que mi padre aceptara la propuesta de acudir a este evento en territorio neutral.

—Oye, Katya, me pregunto si no te pone los pelos de punta el solo imaginar cuál puede ser el final de esta noche —le susurré a mi hermana mayor justo en el momento en que mi padre estacionaba el auto, un Mercedes blindado, frente a la inmensa propiedad donde se llevaría a cabo la celebración de la Cosa Nostra—. Toda esta situación me está volviendo loca a cada segundo. No comprendo cuáles son las verdaderas intenciones de este italiano.

—Bueno, tengo mis expectativas, pero no me pone nerviosa en lo absoluto porque jamás me ha gustado sentir miedo —me aclaró, encogiéndose de hombros y lanzándome una mirada afilada, el rojo de su cabello contrastando con la oscuridad de la noche—. Dasha Romanov, por el amor de Dios, tienes que aprender que llevas la "R" de Romanov tatuada en la sangre. Vas a entrar a esa maldita fiesta, esperando con ansias saber todo lo que Francesco necesita conversar con nosotros. Y si la situación se nos sale de las manos, ya sabes qué amenazas usar y también conoces a la perfección cómo demonios accionar un arma sin temblar.

A veces, suelo olvidar el estúpido tatuaje de la inicial de nuestro icónico apellido en la parte baja de mi espalda, como si el dolor de aquella aguja pudiera olvidarse. Mi padre me dijo que me lo hiciera cuando cumplí diecisiete años, una excelente iniciación para cada miembro de la mafia. Porque si fuiste parte de la mafia Romanov alguna vez, no dejarás de serlo nunca. Y si quieres abandonarla, solo saldrás de ella con los pies por delante; es decir, muerto. No he olvidado ese día, porque dejó mi juventud a un lado y me sumergió de golpe en un mar de tinta y sangre.

—¿Cuál es el objetivo de este tatuaje? —le pregunté a mi hermana, quien había decidido acompañarme porque en la organización había un hombre encargado de marcar a los miembros de la familia.

—Todo miembro de la mafia Romanov lo posee, digamos que es como un sello de lealtad —el tatuador me respondió mientras contuve la respiración en cuanto empezó a pasar la aguja por mi piel—. Y solo faltas tú, que por cierto eres una de las partes cruciales del negocio.

—Si no tengo otra opción, aceptaré esto con gusto ¿No? —me burlé, tratando de liberar la tensión, causando que los otros hombres en la sala rieran. Fue en ese momento cuando Kang Dae se acercó. Con su mirada dulce y a la vez intensa, me sostuvo la mano mientras me apretaba el hombro para darme apoyo.

—¿Listo para arder en el infierno? —le cuestioné con una sonrisa que apenas disimulaba mi afecto por él, un afecto que se convertiría en un amor que aún me quema por dentro y que me prohíbe mirar a otro hombre.

—Nosotros ya ardimos en el infierno desde hace tiempo, Dasha —respondió con una voz que nunca olvidaré—. Pero lo haremos juntos.

Rodé los ojos, tratando de no mostrar la debilidad que sentía por él en ese momento. Con una sonrisa, él se alejó, dejándome sola con mis pensamientos.

A las pocas horas, quizás dos o tres después de nuestra llegada a la dichosa fiesta, me encontraba en la mesa que fue reservada para mi familia. El ambiente estaba cargado de humo de tabaco caro y el olor a perfumes importados. Mis padres estaban disfrutando de la velada mientras se movían de un lado a otro saludando a otros capos. En la mesa, mis hermanos y yo jugábamos por inercia con las copas de vodka, esperando el verdadero motivo de la reunión.

—Han pasado más de dos horas y todavía no comienza lo interesante —Katya rodó los ojos, mostrándose fastidiada por la lentitud del evento—. Creo que iré a saludar a Francesco.

Antes de que Luka o yo fuéramos capaces de detenerla, se levantó de la mesa y caminó a paso apresurado hacia donde estaba el italiano, rodeado de sus hombres.

—Katya sí que está loca —negué con la cabeza, demostrando que estaba en desacuerdo con su impulsividad y el riesgo innecesario que tomaba—. Es demasiado imprudente.

—Katya es más valiente que nosotros dos, ya deberías tenerlo claro —anunció Luka antes de levantarse también. Me apresuré a seguirle el paso. No iba a ser la única que se quedara sentada en aquella mesa, aburrida y al borde del abismo. Luka fue a decirle algo a nuestro padre mientras Katya saludaba a Francesco de manera formal, pero la expresión en el rostro del italiano no me dio buena espina. Decidí acercarme.

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