Mis ojos se abren de par en par al ver al rey ahí parado, sosteniendo con fuerza al lobo, sus chillidos me sacan de mi trance y enseguida le tomo del brazo, todavía sigo temblando del miedo, pero no puedo permitir que mate a ese animal que solo hacia su trabajo.
—¡Majestad, suéltelo! — Exclamo aterrada.
Mis manos son muy pequeñas en comparación con su brazo y no importa que tan fuerte tire de él, el Alfa no cede ni un poco. Sin saber que más hacer, me paro frente a él y pongo mis manos sobre su