—¡Ay, dios mío! La culpable soy yo… ¡Yo se lo dije! —exclamó angustiada la señora Elena.
—¡Pero mamá!... —exclamó Daniela.
—¡Hija, lo siento mucho! Cuando empezó a mostrar interés en ti, me dio gusto pensar que quería hacer las paces contigo…
Marisela intervino.
—Daniela no culpes a mamá, ella solo fue engañada por la ladina de Gabriela. Ya me parecía extraño ese interés de querer charlar con mi mamá, cuando a ella jamás le ha importado nuestra la familia.
—¡El culpable soy yo! —exclamó Óscar y