Daniela llegó apresurada a la feria de la comida al lado de Sofía, que ya la esperaba en una mesa, para tomar una taza de café. Desde que lo hicieron por primera vez habían decidido tomar una rutina dos o tres horas en la tarde, siempre que eso no les impidiera avanzar con los proyectos de decoración que estuvieran pendiente.
Se besaron en la mejilla, y pidieron dos tazas de café con leche.
—¡Llegaste, Daniela! —exclamó Sofía con una gran sonrisa. — ¿Cómo te fue con mi amiga Mercedes Ontiveros?